Ganadería

¡Los animales rumiantes tienen un sistema digestivo diferente! Entienda cómo funciona

29 junio 2021

El sistema digestivo de los animales rumiantes se divide en rumen, retículo, omaso y abomaso

Los bovinos, caprinos, ovinos, búfalos, camellos y ciervos se consideran animales rumiantes. Esta clasificación se les da a los animales que tienen la capacidad de rumiar, acto que consiste en la regurgitación, remasticación y deglución de los alimentos ingeridos. Estos animales no tienen dientes caninos o incisivos superiores, por lo tanto, la lengua es el principal órgano para capturar y dirigir el alimento a la boca. Pero ¿cómo funciona el sistema digestivo de los rumiantes y por qué es tan diferente del de los otros mamíferos?

¿Qué es rumiar?

La rumiación, básicamente, es la capacidad de tragar y masticar el mismo alimento más de una vez. Para que esto suceda de forma eficiente, se necesita una gran producción de saliva. Por esto, como informa Henry Hugh Dukes en su libro “Fisiología de los animales domésticos” (Editora Guanabara Koogan, 2006), se estima que la liberación diaria de saliva de los bovinos es de 60 a 160 litros.

Cabe resaltar que esa salivación varía de acuerdo con el alimento ingerido. Los secos, como el heno, por ejemplo, exigirán más producción de saliva que los más concentrados. Para los rumiantes, la saliva, además de humedecer los alimentos, ayuda a evitar que disminuya el pH del rumen (parte del sistema digestivo de los rumiantes). De esta forma, impide que el trabajo de las bacterias que se encargan de la digestión de fibras, carbohidratos y proteínas se perjudique. Además, los animales que rumian tienen diversos compartimientos gástricos, como explica el doctor en Biología Animal Marcovan Porto.

“Los rumiantes son tradicionalmente llamados poligástricos (muchos estómagos), pero, realmente, solo tienen un verdadero estómago, llamado abomaso. Las otras tres cavidades (rumen, retículo y omaso) son dilataciones del esófago”, afirma.

La complejidad del aparato digestivo de los rumiantes lo hace uno de los más eficientes entre las especies, ya que permite que estos animales puedan transformar fibras e incluso urea en nutrientes.

El sistema digestivo de los rumiantes tiene funciones diferentes

Conocer la anatomía del tracto digestivo de estos animales es esencial para entender mejor su proceso de rumiación. Por esto, seleccionamos cada una de las partes del sistema digestivo de los rumiantes y explicamos un poco sobre cada una de ellas:

– Rumen: en esa región sucede el ablandecimiento de los alimentos de origen vegetal y la digestión de la celulosa (carbohidrato presente en los vegetales). Esa digestión solo se da debido a los organismos que producen enzimas capaces de romper dicho carbohidrato. Esa capacidad es específica de los animales rumiantes. Los seres humanos, por ejemplo, no pueden digerir la celulosa;

– Retículo: aquí se formarán pequeñas porciones de alimentos que volverán a la boca para realizar la masticación;

– Omaso: en esta parte, se realiza la absorción del agua y los minerales presentes en los alimentos;

– Abomaso: donde los nutrientes se rompen en partículas más pequeñas para que se absorban mejor. Esto sucede debido a la acción de las enzimas digestivas.

Marcovan Porto complementa explicando que el abomaso tiene glándulas digestivas y realiza las funciones de un estómago normal de un mamífero. Las otras tres cavidades están relacionadas con la fermentación de los alimentos ingeridos, la cual es realizada por enzimas producidas por microorganismos presentes en el rumen.

“El retículo es el responsable de la contracción que lleva a la regurgitación del alimento de vuelta a la cavidad bucal, responde por la absorción de parte del agua y minerales, además de la reducción del tamaño de las partículas alimenticias, por medio de contracciones que comprimen y trituran el alimento”, explica el doctor en Biología Animal.

¿Cómo es el proceso de rumiación?

Así como sucede con muchos animales, el proceso de digestión de los rumiantes empieza en la boca. El alimento es deglutido, va al rumen y, posteriormente, al retículo. Desde allí, se envía nuevamente a la boca, donde sucede la masticación. Por medio de esta, el material vegetal se reducirá a pequeñas partículas. Después de masticado, el rumiante traga nuevamente el alimento, el cual es llevado al omaso y abomaso. Después, se envía al intestino, donde se eliminará, posteriormente.

“El papel que desempeña el rumen es de especial interés, ya que ofrece los sustratos (materia vegetal recién ingerida, agua y compuestos nitrogenados proporcionados por la saliva) a las bacterias y protozoos que componen la microbiota que participa, como se mencionó, en la fermentación. Las bacterias producen enzimas altamente especializadas para la digestión de las fibras vegetales y, sin este proceso digestivo, el contenido alimenticio en las células vegetales no estaría disponible para la digestión química en el estómago verdadero (abomaso) y posterior absorción por el organismo”, explica el biólogo animal.

Todas estas peculiaridades del sistema digestivo de los rumiantes afecta la bovinocultura, como destaca el Dr. Marcovan. “Como fue dicho, la fermentación en el rumen crea un ambiente favorable para mantener una amplia biota, formada por las bacterias, hongos y protozoos que, a su vez, al ser digeridos con el bolo alimenticio que llega al abomaso (estómago químico), ofrecen proteínas de alta calidad para los rumiantes (los microorganismos contienen entre 50% y 60% de proteína bruta). Por lo tanto, la principal fuente de proteína absorbida en el intestino del rumiante viene de la digestión de los microorganismos que habitan en el ecosistema que se forma en el rumen”, finaliza el doctor en Biología Animal.

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