1. Introducción: la rabia como desafío global y regional
La rabia es una de las zoonosis más antiguas y mortales de la humanidad. A pesar de contar con vacunas eficaces desde hace más de un siglo, la enfermedad continúa provocando alrededor de 59.000 muertes humanas cada año [1], la mayoría en comunidades rurales de Asia y África. En América Latina, gracias a campañas masivas de vacunación iniciadas en los años ochenta, se ha logrado reducir la incidencia de casos humanos en más de un 98 % [2,4]. Sin embargo, la rabia aún persiste en focos urbanos y rurales, con brotes esporádicos que recuerdan la fragilidad de los sistemas de control cuando se descuida la prevención.
La transmisión de la rabia a humanos ocurre en ocho de cada diez casos a través de mordeduras de perros infectados [1,2]. Esto coloca a los animales de compañía en el centro de las estrategias de control, pues vacunar a perros y gatos no solo protege su salud individual, sino que constituye la medida más efectiva para cortar el ciclo de transmisión a las personas. El Día Mundial de la Rabia, celebrado cada 28 de septiembre, se ha convertido en una plataforma de sensibilización para recordar que la rabia es una enfermedad prevenible, que la vacunación es una responsabilidad colectiva y que el objetivo global, respaldado por la OMS, la OIE y la OPS, es alcanzar el año 2030 sin muertes humanas por rabia transmitida por perros [2].
En este contexto, el uso de vacunas de alta calidad como Nobivac Rabies, distribuidas globalmente y con presencia consolidada en Latinoamérica, ha sido clave en la reducción sostenida de casos. A través de programas propios y en alianza con ministerios de salud, MSD Salud Animal ha apoyado campañas que han permitido vacunar a millones de animales en la región (más de 25 millones en la última década, internal MSD data) [10], contribuyendo así a mejorar la cobertura y reforzar la vigilancia epidemiológica.
2. Biología y patogénesis del virus de la rabia
El virus de la rabia pertenece al género Lyssavirus de la familia Rhabdoviridae. Su morfología con forma de bala es característica, pero lo que realmente lo hace único es su neurotropismo. Tras ingresar al organismo por la mordedura de un animal infectado, el virus permanece un tiempo en el tejido muscular donde inicia su replicación. Posteriormente, invade los nervios periféricos y se desplaza mediante transporte axoplásmico hacia el sistema nervioso central. Una vez allí, se multiplica de forma masiva y provoca una encefalitis aguda letal [2].
El periodo de incubación es variable y depende de factores como la cantidad de virus inoculado, la especie afectada y la localización de la mordedura. En perros puede durar entre 10 días y 6 meses, y en humanos entre 1 y 3 meses en promedio, aunque se han reportado casos con incubaciones más prolongadas [3].
Las manifestaciones clínicas en perros suelen dividirse en dos formas: la furiosa, caracterizada por agresividad, fotofobia, convulsiones y ataques súbitos, y la paralítica o muda, donde predomina la debilidad muscular, la parálisis mandibular y la hipersalivación. En gatos, la presentación furiosa es la más común, con episodios de hiperagresividad y convulsiones. En humanos, la enfermedad comienza con síntomas inespecíficos como fiebre y malestar, progresa a parestesias en el sitio de la mordedura y termina en hidrofobia, aerofobia y fallo multiorgánico. En todos los casos, la evolución es fatal una vez que aparecen los signos clínicos [2].
3. Panorama epidemiológico mundial y en Latinoamérica
En el contexto global, la rabia presenta realidades contrastantes. En Europa y Norteamérica, la rabia canina ha sido eliminada desde hace varias décadas, aunque el virus persiste en reservorios silvestres como murciélagos, zorros y mapaches [2]. En Asia y África, la enfermedad sigue teniendo un impacto devastador, concentrando más del 95 % de las muertes humanas [1]. Latinoamérica, por su parte, se encuentra en una posición intermedia: ha logrado avances notables en la reducción de la rabia canina urbana, pero aún enfrenta desafíos epidemiológicos en países de Centroamérica, el Caribe y la Amazonía.
México es un caso emblemático de éxito. En 2019 fue certificado como país libre de rabia humana transmitida por perros [4], un hito que refleja la consistencia de sus campañas anuales, en las que se vacunan más de quince millones de animales [4]. Brasil sigue un camino similar, con campañas masivas que alcanzan a más de treinta millones de perros y gatos cada año [5]; sin embargo, todavía enfrenta brotes vinculados a murciélagos hematófagos en regiones amazónicas [5]. En contraste, Perú y Bolivia han registrado rebrotes recientes: en 2022 la Amazonía peruana reportó casos de rabia transmitida por murciélagos [6], y en 2023 Santa Cruz, en Bolivia, enfrentó un brote urbano con decenas de casos en perros [7].
En Centroamérica, los países han intensificado sus esfuerzos, pero los resultados aún no alcanzan la meta mínima recomendada por la OMS. Guatemala y Honduras vacunaron a más de un millón de perros en campañas recientes (2023), aunque todavía presentan coberturas inferiores al 70 % [9]. En el Caribe, la situación es más crítica: República Dominicana mantiene campañas regulares, mientras que Haití reportó más de diez muertes humanas entre 2022 y 2023, reflejo de la baja cobertura vacunal y de la debilidad en los programas de salud pública [9]. En el Cono Sur, Argentina y Chile se mantienen libres de rabia canina urbana, aunque la detección anual de murciélagos positivos confirma que el virus persiste en la fauna silvestre y que la vigilancia no puede relajarse [9].
Para ilustrar las diferencias entre países de la región, la siguiente tabla resume la meta de cobertura vacunal recomendada por la OMS (70 %) frente a las tasas reportadas más recientemente en campañas nacionales:
| País | Meta OMS (≥70%) | Cobertura alcanzada (2023) |
| México | 70% | >80% |
| Brasil | 70% | 75–78% |
| Perú | 70% | 60% |
| Bolivia | 70% | 55% |
| Guatemala | 70% | 65% |
| Honduras | 70% | 62% |
| Argentina | 70% | >85% |
| Chile | 70% | >80% |
| Haití | 70% | <30% |
Este panorama demuestra que, mientras países como México, Argentina y Chile han consolidado coberturas superiores al 80 %, otras naciones enfrentan serias brechas, particularmente en áreas rurales, comunidades indígenas y países con inestabilidad política como Haití. Estas disparidades ponen en evidencia la necesidad de sostener campañas permanentes, reforzar la educación comunitaria y garantizar el acceso a vacunas seguras en todas las regiones de Latinoamérica [2,9].
4. Impacto sanitario, social y económico de la rabia
La rabia no solo representa un problema sanitario directo, sino que también genera consecuencias sociales y económicas significativas. En el ámbito sanitario, cada año miles de personas en Latinoamérica reciben profilaxis post-exposición (PEP) tras mordeduras de perros sospechosos, lo que implica costos elevados para los sistemas de salud [8]. En países con recursos limitados, este gasto representa una carga considerable que podría destinarse a otras prioridades si la rabia estuviera controlada.
En el plano social, los brotes de rabia generan miedo y desconfianza en la población. Es común que en medio de una crisis se realicen sacrificios masivos de perros callejeros, lo cual no solo provoca rechazo social, sino que tampoco resuelve el problema de fondo. La pérdida de animales de compañía en comunidades vulnerables tiene además un fuerte impacto emocional, pues los perros y gatos son parte integral de las familias.
Desde el punto de vista económico, la OPS ha calculado que la rabia genera pérdidas globales superiores a 8.600 millones de dólares cada año, considerando los costos de prevención, tratamiento, pérdida de productividad y muerte prematura [8]. En Latinoamérica, un solo brote urbano puede obligar a redirigir recursos de emergencia, suspender actividades comunitarias y afectar incluso la reputación internacional de un país en términos de control sanitario.
5. Estrategias de prevención: vacunación masiva y educación
La vacunación de perros y gatos es la herramienta más costo-efectiva para eliminar la rabia [1]. La OMS y la OPS recomiendan mantener una cobertura mínima del 70 % de la población canina y felina [1,2]. Alcanzar este umbral asegura un efecto de inmunidad de rebaño que reduce drásticamente la circulación viral y protege a las comunidades humanas.
En América Latina, las campañas masivas han demostrado ser exitosas cuando combinan la distribución gratuita de vacunas con estrategias de comunicación adaptadas a la cultura local. En Brasil, brigadas móviles recorren comunidades amazónicas con equipos de cadena de frío portátiles [5], mientras que en México se instalan puntos de vacunación en plazas públicas y escuelas con más de 15 millones de dosis aplicadas anualmente [4]. En Perú y Bolivia, se han implementado programas escolares donde los niños son agentes multiplicadores del mensaje de prevención, recordando a sus familias la importancia de llevar a vacunar a sus mascotas [6,7].
La educación es un complemento indispensable. Informar a las comunidades sobre el riesgo real de la rabia, sobre la necesidad de acudir a un centro de salud tras una mordedura y sobre la responsabilidad de vacunar anualmente a los animales es esencial para consolidar los avances [9].
6. Vacunas disponibles: Nobivac Rabies y otras plataformas
Entre las vacunas disponibles, Nobivac Rabies destaca por su respaldo científico y su distribución global. Se trata de una vacuna inactivada que ha demostrado alta eficacia en estudios clínicos y en la vigilancia post-comercialización, con protección mínima de un año, y hasta de tres años en algunos marcos regulatorios [9]. Su seguridad está ampliamente documentada, con una incidencia mínima de reacciones adversas [9], y su compatibilidad con otras vacunas de la línea Nobivac permite su integración en programas de inmunización más amplios para cachorros. En Latinoamérica, Nobivac Rabies ha sido utilizada en campañas oficiales y privadas, y ha contado con el apoyo de MSD Salud Animal en programas que han permitido vacunar a más de 25 millones de animales en la última década (internal MSD data) [10]. Este respaldo ha sido especialmente relevante en países donde las campañas gubernamentales enfrentan dificultades logísticas o limitaciones presupuestarias, pues la colaboración público-privada ha marcado la diferencia en alcanzar coberturas seguras.
Para balance académico: además de Nobivac Rabies, existen otras vacunas antirrábicas licenciadas en la región (fabricantes diversos) que también han contribuido de forma importante al control de la rabia en perros y gatos. La selección de biológico debe seguir la normativa local, el acceso logístico y la evidencia de calidad disponible [9].
7. Día Mundial de la Rabia: una oportunidad para reforzar conciencia
Cada 28 de septiembre, el Día Mundial de la Rabia conmemora la muerte de Louis Pasteur, pionero en el desarrollo de la vacuna antirrábica. En esta fecha, gobiernos, ONGs y empresas privadas coordinan esfuerzos para realizar campañas intensivas de vacunación y sensibilización. En Colombia y Perú, las actividades realizadas en 2024 lograron alcanzar coberturas superiores al 70 % en áreas críticas, gracias a la movilización comunitaria y a la participación activa de médicos veterinarios [9].
El Día Mundial de la Rabia también se ha consolidado como un espacio para educar a la opinión pública, recordando que la rabia no es un problema del pasado y que solo la prevención sostenida permitirá eliminarla como amenaza para la salud humana y animal.
8. El rol del médico veterinario en la prevención de la rabia
El médico veterinario es la primera línea de defensa frente a la rabia. Su rol va más allá de la aplicación de vacunas: incluye la educación a propietarios, la detección temprana de casos sospechosos, la notificación obligatoria a las autoridades sanitarias y la participación en brigadas comunitarias. En muchas zonas rurales de Perú y Bolivia, los veterinarios privados han sido la única fuente de vacunación disponible durante emergencias recientes [6,7], lo que subraya su papel como actores esenciales de salud pública.
Además, el enfoque One Health coloca a los veterinarios en una posición estratégica para coordinar con médicos, epidemiólogos y autoridades de salud humana. La integración de esfuerzos en campañas mixtas, donde se combinan vacunación animal con atención médica preventiva para personas mordidas, ha demostrado ser una estrategia eficaz en la Amazonía y en áreas rurales del Caribe [9].
9. Desafíos actuales en LATAM: brechas de cobertura y control
A pesar de los avances, persisten desafíos importantes. El acceso a comunidades rurales e indígenas es limitado debido a la dispersión geográfica, lo que impide alcanzar coberturas adecuadas. En muchas de estas comunidades, los perros son semi-domiciliados, se mueven libremente entre casas y no cuentan con un responsable directo, lo que dificulta su inclusión en campañas. La cadena de frío también constituye un reto en climas tropicales, donde mantener las vacunas a la temperatura adecuada requiere infraestructura costosa [5,9].
Existe además una marcada diferencia entre áreas urbanas y rurales. En grandes ciudades, la cobertura vacunal suele superar el 80 %, mientras que en áreas rurales puede caer por debajo del 40 % [9]. Estas brechas representan un riesgo epidemiológico, pues basta con un solo foco mal controlado para que el virus se reactive y vuelva a circular ampliamente.
10. Recomendaciones estratégicas para veterinarios de la región
Para consolidar los logros alcanzados y avanzar hacia la meta de “cero muertes por rabia en 2030”, los veterinarios de Latinoamérica deben promover la vacunación universal de perros y gatos con biológicos de calidad como Nobivac Rabies u otras vacunas licenciadas, asegurando la revacunación anual incluso en contextos donde la normativa permita intervalos mayores [1,2,9]. Es esencial reforzar el trabajo educativo con las comunidades, integrando escuelas, radios locales y líderes comunitarios en la estrategia de sensibilización [9].
Los profesionales también deben colaborar activamente con las campañas oficiales, ofreciendo sus clínicas privadas como puntos de vacunación y contribuyendo con la notificación epidemiológica. Adoptar un enfoque One Health permitirá además integrar el control de la fauna silvestre, la atención médica a personas expuestas y la vigilancia en animales domésticos [2,9].
El futuro de la prevención de la rabia en la región dependerá de mantener un esfuerzo sostenido, con el compromiso del sector público, el apoyo del sector privado y la participación activa de los médicos veterinarios en cada comunidad.
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Referencias:
- Hampson K, et al. Estimating the global burden of endemic canine rabies. PLoS Negl Trop Dis. 2015;9(4):e0003709.
- WHO. Zero by 30: Global Strategic Plan to End Human Deaths from Dog-Mediated Rabies by 2030. Geneva: World Health Organization; 2018.
- Fooks AR, et al. Current status of rabies and prospects for elimination. Lancet. 2014;384(9951):1389–99.
- Secretaría de Salud de México. Informe nacional de rabia, 2019. Ciudad de México.
- Ministério da Saúde, Brasil. Boletim Epidemiológico da Raiva, 2023. Brasília.
- Ministerio de Salud de Perú. Boletín epidemiológico de rabia en la Amazonía, 2022. Lima.
- Ministerio de Salud y Deportes de Bolivia. Informe Epidemiológico de Rabia Canina y Humana, 2023. La Paz.
- Shwiff S, et al. Economic burden of rabies in developing countries. Bull World Health Organ. 2013;91:501–8.
- Cliquet F, et al. Immunogenicity and efficacy of inactivated rabies vaccines in dogs: a review. Vet Rec. 2018;182(12):356–63.
- MSD Animal Health. Nobivac Rabies: post-marketing surveillance report LATAM, 2019–2023. (internal MSD data)
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