La ganadería latinoamericana atraviesa un proceso de transformación técnica impulsado por la necesidad de aumentar la competitividad, responder a las exigencias sanitarias y ambientales, y garantizar la rentabilidad en escenarios de alta variabilidad climática y de mercado. Este proceso no es homogéneo en toda la región, sino que presenta distintos niveles de adopción según el país, el tipo de sistema productivo (intensivo, semi-intensivo o extensivo) y la escala de producción, determinados por factores como el acceso a tecnología, la infraestructura, el capital humano y las políticas públicas. En este contexto, el crecimiento del sector ya no se basa únicamente en la expansión del número de animales, sino en la consolidación de sistemas productivos más eficientes, preventivos y sostenibles, capaces de generar mayor volumen de carne y leche por unidad de recurso utilizado.[1,2,4]
Este cambio de enfoque se apoya en tres pilares complementarios: eficiencia productiva, prevención sanitaria y sostenibilidad, integrados por el uso de tecnología, el bienestar animal y la toma de decisiones basada en datos. En la práctica, la prevención sanitaria se traduce en estabilidad del hato, expresada como baja incidencia de enfermedades clínicas y subclínicas, menor uso reactivo de antimicrobianos y mayor consistencia del desempeño. A su vez, la sostenibilidad debe comunicarse con mayor precisión como un objetivo doble: sostenibilidad económica, respaldada por la eficiencia (más producción útil por unidad de insumo, menor descarte involuntario y mejor margen por animal), y sostenibilidad ambiental, orientada a reducir la huella por kilo de producto mediante estrategias como mejoras de eficiencia alimenticia, manejo de estiércol, bienestar y, en algunos sistemas, la adopción de enfoques de ganadería regenerativa (pastoreo planificado, sistemas silvopastoriles, recuperación de suelos y biodiversidad), que buscan mantener o recuperar servicios ecosistémicos sin sacrificar la viabilidad productiva. [1,2,5,6]
Eficiencia productiva como eje de competitividad
La eficiencia productiva se ha convertido en un indicador central de desempeño de los sistemas ganaderos modernos; sin embargo, su lectura debe adaptarse al objetivo productivo (leche vs. carne) y estandarizarse mediante KPIs con sus siglas técnicas. En ganadería de carne, la eficiencia suele expresarse principalmente como ganancia diaria de peso (GDP/ADG), índice de conversión (IC/FCR), ganancia por unidad de consumo (G:F) y, cuando es posible, medidas más finas como consumo residual (RFI); a esto se suman indicadores operativos como días a terminación (DOF) y variables de canal (por ejemplo, rendimiento y peso de canal) cuando el sistema integra información de sacrificio. La eficiencia productiva se ha convertido en un indicador central de desempeño de los sistemas ganaderos modernos; sin embargo, su lectura debe adaptarse al objetivo productivo (leche vs. carne) y estandarizarse mediante KPIs con sus siglas técnicas. En ganadería de carne, la eficiencia suele expresarse principalmente como ganancia diaria de peso (GDP/ADG), índice de conversión (IC/FCR), ganancia por unidad de consumo (G:F) y, cuando es posible, medidas más finas como consumo residual (RFI); a esto se suman indicadores operativos como días a terminación (DOF) y variables de canal (por ejemplo, rendimiento y peso de canal) cuando el sistema integra información de sacrificio. [2,4]
En Latinoamérica, donde coexisten sistemas intensivos, semi-intensivos y extensivos, mejorar la eficiencia suele generar un impacto económico mayor que incrementar únicamente el tamaño del hato. El aumento de la productividad por animal y por unidad de superficie permite diluir costos fijos, optimizar el uso de insumos y reducir pérdidas asociadas a enfermedades clínicas y subclínicas. Nutrición balanceada, manejo adecuado de la transición en vacas lecheras, control del parasitismo, calidad del agua y correcta mineralización constituyen, en muchos casos, los puntos de mayor retorno sobre la inversión. Sin embargo, estos factores solo se traducen en mejoras reales cuando van acompañados de personal capacitado y de la aplicación sistemática de buenas prácticas de manejo y bienestar animal. La formación en rutinas de ordeño, manejo de corrales, reducción del estrés y correcta interacción humano-animal ha demostrado disminuir la liberación de cortisol, mejorar el consumo, la ganancia diaria de peso y la eficiencia reproductiva, tanto en sistemas lecheros como de carne. De igual forma, la toma de decisiones basada en datos objetivos —mediciones de producción, condición corporal, tasas reproductivas, indicadores sanitarios y de bienestar— resulta clave para sustituir la gestión intuitiva, que suele ser una de las principales fuentes de ineficiencia. En este sentido, la adopción de registros confiables y el análisis sistemático de indicadores permiten identificar cuellos de botella, evaluar el impacto de las intervenciones y sostener mejoras productivas, bajo el principio de que aquello que no se mide de manera rigurosa difícilmente puede gestionarse o optimizarse. [2,4,5]
Prevención sanitaria y gestión del riesgo
El segundo pilar es la prevención. En sistemas expuestos a alta presión de agentes infecciosos, parasitarios y a variaciones climáticas marcadas, el enfoque curativo resulta costoso e ineficiente. No obstante, el nivel y tipo de prevención no puede ser uniforme para todos los sistemas, ya que la ganadería latinoamericana integra realidades productivas, sanitarias y económicas muy diversas, que van desde explotaciones intensivas tecnificadas hasta sistemas extensivos de bajos insumos. En este contexto, la sanidad moderna se orienta hacia programas preventivos adaptados al riesgo y a la capacidad operativa de cada sistema, basados en la epidemiología del hato y en la situación regional, que incluyan esquemas de vacunación estratégicos, planes de bioseguridad proporcionales al nivel de intensificación, control de movimientos, cuarentenas, manejo de enfermería y protocolos estandarizados de limpieza y desinfección. De este modo, la prevención se concibe como un conjunto de herramientas modulables, que deben ajustarse a los objetivos productivos, al tipo de producción (leche o carne), a la presión sanitaria y a los recursos disponibles, garantizando su viabilidad técnica y económica sin perder efectividad en la reducción del riesgo y la estabilización del desempeño productivo. [3,4]
La prevención no solo reduce la mortalidad y morbilidad, sino que estabiliza la producción, mejora la eficiencia reproductiva y disminuye la necesidad de tratamientos de emergencia, alineándose con el uso prudente y responsable de los medicamentos veterinarios recomendado por la WOAH para proteger la salud animal, la inocuidad y la salud pública. En términos operativos, estos lineamientos se implementan a través de la regulación nacional (registro, control, prescripción y vigilancia) ejercida por las autoridades sanitarias competentes de cada país, que definen los requisitos de uso y control de los productos veterinarios dentro de sus sistemas de producción. [3]


¡Suscríbete a nuestro newsletter!
Mantente informado con los mejores consejos y guías para veterinarios y productores.
Digitalización y toma de decisiones basada en datos
La incorporación de herramientas digitales y sistemas de registro está transformando el rol del médico veterinario y del administrador pecuario, quienes pasan de una gestión reactiva a una gestión basada en indicadores objetivos, cuando su implementación es técnica y económicamente viable para cada sistema. En este sentido, la digitalización no debe entenderse como un requisito excluyente, sino como una herramienta que puede adoptarse de forma gradual y proporcional a la escala productiva, ya que incluso en sistemas de pequeña y mediana producción es posible mejorar la eficiencia mediante registros básicos y análisis sistemático de la información. [5,6]
En la ganadería de carne, el uso de datos permite identificar de manera temprana problemas asociados a ganancia diaria de peso, eficiencia de conversión, mortalidad por categoría, parasitismo, cojeras y comportamiento, así como evaluar el impacto de prácticas de bienestar y manejo sobre el desempeño y la calidad de la canal, aspectos clave en programas de certificación y en mercados que valoran la producción responsable. En la ganadería lechera, los registros de producción individual, recuento de células somáticas, tasas de preñez, días abiertos, incidencia de mastitis, consumo de alimento y condición corporal constituyen la base para programas de mejora continua, control sanitario, auditorías internas y certificaciones de calidad e inocuidad. [2,5]
De este modo, tanto en sistemas de carne como de leche, la toma de decisiones basada en datos —ya sea mediante plataformas digitales avanzadas o mediante registros manuales bien estructurados— permite identificar desviaciones tempranas, evaluar el impacto real de las intervenciones y ajustar estrategias con base en evidencia, superando la gestión intuitiva y favoreciendo una producción más eficiente, sanitaria y sostenible. [2,5,6]
Bienestar animal como factor productivo
El bienestar animal dejó de ser únicamente un componente ético o de imagen para convertirse en un determinante directo de la eficiencia. Animales sometidos a estrés térmico, dolor o manejo inadecuado reducen su consumo, alteran su respuesta inmune y presentan menor desempeño reproductivo y productivo. [1,6,7]
En las condiciones tropicales y subtropicales de la región, el control del estrés por calor, el acceso permanente a agua de calidad, la disponibilidad de sombra, el diseño funcional de corrales y salas de ordeño, así como la capacitación del personal en manejo humanitario, son intervenciones clave para sostener la productividad y disminuir pérdidas ocultas. A estos factores se suma de manera crítica el mejoramiento y la selección genética adaptada al ambiente, ya que una proporción importante de los hatos latinoamericanos utiliza genotipos de alto mérito productivo desarrollados en climas templados, cuya expresión fenotípica se ve limitada bajo condiciones de alta temperatura y humedad. La evidencia demuestra que animales sin adaptación térmica presentan menor consumo, mayor carga de estrés, alteraciones reproductivas y una reducción sostenida de la eficiencia, lo que impide aprovechar plenamente su potencial genético. Por ello, los programas modernos de producción incorporan criterios de termotolerancia, rusticidad y eficiencia alimenticia en los esquemas de selección y cruzamiento, de modo que la genética, el ambiente y el manejo actúen de forma sinérgica y permitan alcanzar sistemas más estables, resilientes y productivos en los trópicos. [1,2,6]

Conoce todos nuestros productos para Bovinos
Sostenibilidad y responsabilidad ambiental
La sostenibilidad se ha posicionado como un eje estratégico que integra productividad, eficiencia y responsabilidad ambiental. Desde una perspectiva técnica, producir de manera sostenible implica reducir la huella ambiental por kilogramo de carne o litro de leche, lo cual se logra principalmente aumentando la eficiencia biológica de los animales, disminuyendo la improductividad y previniendo enfermedades. [1,2]
La mitigación de emisiones, el manejo racional de suelos y pasturas, el uso eficiente del agua y la implementación de buenas prácticas ganaderas forman parte de un enfoque que no busca reducir la producción, sino hacerla más eficiente y defendible ante los mercados, los consumidores y los organismos reguladores. En este contexto, la adopción de sistemas productivos con evidencia comprobada, como la ganadería regenerativa, los sistemas silvopastoriles, la ganadería de precisión y los diseños de manejo basados en el comportamiento y el bienestar animal propuestos por Temple Grandin, ha demostrado mejorar la eficiencia del uso de los recursos, incrementar la resiliencia de los ecosistemas y reducir la huella ambiental por unidad de producto. Estas estrategias integran la recuperación de suelos, el secuestro de carbono, la optimización del pastoreo, la reducción del estrés animal y la toma de decisiones apoyada en datos, permitiendo sostener o incluso aumentar la productividad mientras se fortalecen los servicios ecosistémicos y la aceptación social de la actividad ganadera. [1,5,6]
Trazabilidad e inocuidad como requisitos de mercado
El fortalecimiento de los sistemas de trazabilidad y de los programas de aseguramiento de la calidad se ha convertido en una condición indispensable para la comercialización; sin embargo, el nivel de exigencia y los requisitos específicos varían de manera significativa entre países y mercados de destino. El registro de tratamientos, periodos de retiro, movimientos de animales y certificaciones sanitarias respalda la inocuidad de los productos de origen animal y facilita el acceso a mercados con mayores estándares regulatorios, al tiempo que permite a los sistemas productivos adaptarse a esquemas diferenciados de control según la normativa nacional e internacional aplicable. [3,4]
Conclusión
La ganadería en Latinoamérica avanza hacia modelos en los que productividad, prevención y sostenibilidad se integran como una sola estrategia técnica y empresarial. La mejora de la eficiencia por animal, la implementación de programas sanitarios preventivos, el uso de datos para la toma de decisiones, el fortalecimiento del bienestar animal y la adopción de prácticas sostenibles constituyen hoy los pilares de sistemas más rentables, resilientes y competitivos. En este contexto, el desempeño exitoso de los sistemas pecuarios depende del trabajo articulado de un equipo multidisciplinario, en el que el médico veterinario, junto con zootecnistas, ingenieros agrónomos, ingenieros agropecuarios y administradores de empresas agropecuarias, cumplen roles complementarios como gestores sanitarios, productivos y estratégicos, integrando ciencia, manejo y economía para asegurar la viabilidad y sostenibilidad de la ganadería en el largo plazo.

Referencias
- Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). 2023. Ganadería sostenible y mitigación de emisiones en América Latina y el Caribe.
- FAO. 2022. Metano entérico y eficiencia productiva en sistemas bovinos de América Latina.
- Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH). 2024. Código Sanitario para los Animales Terrestres.
- Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos – FAO (OCDE-FAO). 2024. Perspectivas Agrícolas 2024-2033.
- Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). 2024. Informe anual: innovación, digitalización y sostenibilidad en la ganadería de las Américas.
- IICA – Banco Interamericano de Desarrollo. 2023. Plataforma de ganadería bovina sostenible de las Américas.
- FAO. 2023. Buenas prácticas ganaderas para la productividad y el bienestar animal en sistemas tropicales.
¡Explora nuestros productos destacados!
Sigue leyendo sobre Ganadería
- Más allá del pastoreo: 10 pilares para una ganadería regenerativa y productiva en Latinoamérica.

- Producción de Leche de Alta Eficiencia: Guía de Protocolos Médicos y Manejo Técnico

- Tendencias en la industria ganadera en Latinoamérica: productividad, prevención y sostenibilidad como ejes del cambio

- Producción de leche en bovinos: cómo mejorar la eficiencia productiva mediante el uso estratégico de lactotropina y medicamentos



